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¿Cómo era la Costa Rica del 2011, del último censo, y que se espera de la actual?

by Luis Diego Marin

El Censo 2011 elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos, INEC llegó a 1.236.981 hogares y 4.275.670 de personas.

Para ese año, 91.335 viviendas tenían materiales en mal estado en paredes, techo y piso o las paredes y techos eran de desecho y piso de tierra.

Las viviendas que consumían agua proveniente de pozo, río o lluvia, sumaban un total de 47.180.

De cada 100 hogares, 21 tenían un ingreso per cápita igual o inferior a la línea de pobreza.

El porcentaje de hogares con una o más carencias críticas fue de 24,6% lo que corresponde a 303.790 hogares y 1.171.092 personas.

Pero, más de una década después, una nueva medición con el Censo 2022 podría descubrir una Costa Rica con brechas aún mayores.

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Esta es la expectativa que tiene el subdirector del Centro Centroamericano de Poblacón y profesor de la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica, Gilberth Brenes quien considera que el Censo 2022 será uno de los más importantes por sus mediciones post crisis relacionados al déficit fiscal y la pandemia.

“Considero que el censo va a revelar que Costa Rica se polariza cada vez más y habrá un grupo o varios subgrupos que van a tener cada vez más acceso a necesidades básicas mientras otros van a tener mayores barreras para acceder a esas necesidades”, señaló Brenes. 

El experto señala que esa brecha será muy evidente entre los grupos de personas ocupadas formales y las informales pues “el censo va a profundizar en grupos muy detallados, por ejemplo, en cuáles distritos geográficos, en cuáles industrias o poblaciones minoritarias. En particular, cuáles son esos subgrupos que se ven más perjudicados en el ensanchamiento de las brechas ocupacionales desde el 2011 por el contexto económico y de la pandemia”.

Otro dato interesante de la fotografía del 2011 tiene que ver con la edad en que las personas se casaban.

Sin duda, la decisión incide en la salud reproductiva, maternidad y paternidad, participación femenina en el mercado laboral, maneras de consumo y demanda de vivienda.

La evidencia empírica generada indica que la edad promedio de la nupcialidad para el total de la población costarricense era de 25.7 años. Las mujeres retrasaron en mayor medida su calendario de 19.9 a 24.2 años en comparación con los hombres de 25.1 a 27.2 años.

Para Gilberth Brenes, no es claro si esos promedios van a cambiar aunque es evidente que cada día más jóvenes retrasan la decisión.

“Lo que esperaría ver es una mayor proporción de gente joven que se mantiene soltera, sin hijos o ambos. Hay distintas evidencias empíricas que sugieren que la pandemia acentuó ese efecto de poca probabilidad de unirse o tener hijos entre las generaciones más jóvenes. El censo será muy útil para determinar quiénes son”, manifestó Brenes. 

En el 2011, había 80.307 hogares con uno o más miembros de 7 a 17 años que no asistían a la educación regular.

La asistencia a la educación regular en el grupo de 6 a 11 años, según el Censo fue de 94,3%. En el caso de la población de 12 a 17 años la asistencia a la educación regular fue de 78,4%.

El experto del Centro Centroamericano de Población, Gilberth Brenes considera que la nueva medición debe verse a la sombra del apagón educativo.

“Hay estudiantes y hogares que no se vieron tan perjudicados pero otros sí, particularmente estudiantes de ciertas instituciones públicas, principalmente ubicadas en zonas rurales y barrios humano-marginales, los más afectados por huelgas y pandemia. El censo permitirá detectar si aumentó la deserción y el rezago escolar en estos subgrupos o en otras palabras quienes son esos niños y cómo son sus hogares”, explicó el experto.

Según los datos del censo 2011, un total de 201.870 jóvenes ni estudiaban ni trabajaban, eran conocidos como ninis.

La juventud y su futuro también preocupan en adelante, en especial las personas de zonas más vulnerables. 

“Como las costas, zonas montañosas o zonas humano-marginales que se sabe que han sido los más perjudicados por la crisis económica producida por el déficit fiscal y la pandemia. El censo va a permitir desagregar a esa población joven para entender cuáles son los subgrupos más afectados y cuáles no y que incluso se pudieron ver beneficiados”, declaró Gilberth Brenes. 

El estilo de desarrollo seguido por el país en 2011 fue caracterizado por una activa integración internacional y políticas públicas orientadas a la promoción de exportaciones y atracción de inversión extranjera directa (IED).

En el país, alrededor de un 10% de los trabajadores laboraban en su vivienda o a la par de esta. En la Gran Área Metropolitana, un 50% de los trabajadores laboraban en un cantón diferente al que habitaban mientras fuera de la GAM esta cifra disminuyó a sólo un 18%.

Un 57,7% de la fuerza laboral ocupada del país habitaba cantones de la GAM.

Los principales cantones dormitorio de ese entonces eran Goicoechea, Vásquez de Coronado, Montes de Oca, Moravia, Curridabat, Alajuelita, Tibás y Desamparados, en San José; San Pablo, Santa Bárbara, Flores, Barva, San Rafael, San Isidro, y Santo Domingo, en Heredia y La Unión en Cartago.

Para el 2022, ya es conocido que el sector servicios gana terreno pero concentrado en la parte central del país.

El subdirector del Centro Centroamericano de Población, Gilberth Brenes dice que con el Censo sabremos si la estructura cambiará pues permitirá “analizar qué otros lugares alejados de la capital experimentan esos cambios ocupacionales o cuáles son esos lugares que se vieron estacionados o inmutados por esos cambios y son afectados por la falta de posibilidades”.

Un 45% de las viviendas tenía el computador en la vivienda y un 35% usaba Internet.

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