El sociólogo e investigador, Guillermo Acuña, analiza con Noticias Columbia la violencia que se vive en las calles del país, reflejada en un homicidio ocurrido en Cartago durante un choque en carretera.
Una discusión entre conductores terminó con una persona fallecida en carretera. Durante la mañana comenzó a circular un video que muestra lo ocurrido: un enfrentamiento entre ambas personas, donde una avanza con un objeto en su mano y el otro responde accionando un arma de fuego.
Noticias Columbia conversó con el sociólogo e investigador, Guillermo Acuña, para entender por qué la violencia se apoderó de las carreteras del país.
¿Qué es lo que está sucediendo en nuestro país, por qué es que como sociedad estamos reaccionando de esta forma tan violenta?
Son varios factores, no estamos sabiendo contender con las tensiones, las estamos llevando a otros extremos, no estamos hablando, y eso me parece que queda clarísimo en el material audiovisual del que estamos haciendo referencia en esta entrevista.
Las personas se bajan de una vez de sus automóviles con el único objetivo de dividir un conflicto a partir de la violencia. Quiero dejar claro el tema de cómo la violencia ha sido, de alguna manera, introducida transversalmente en una sociedad como la nuestra. Recordemos que a narrativas violentas se responde con prácticas violentas y llevamos varios años ya en que las narrativas que provienen de espacios de gestión, de administración, de conducción… están, de alguna manera, haciendo mella en la vida cotidiana.
No estamos sabiendo manejar el enojo, no estamos manejando la ira que nos produce, por ejemplo, las presas en las carreteras, el tiempo que estamos destinando para trasladarnos de un lugar a otro, nos pasa factura en nuestro carácter, en nuestro estado de ánimo y ese carácter y ese estado de ánimo no lo estamos sabiendo traducir en, por ejemplo, comunicarnos de mejor manera para poder dividir las diferencias.
Creo que se nos salió de forma incontenible ese rango que, como sociedad, guardábamos hasta hace unos años y era el tema del pacifismo, que tanto nos eh caracterizaba, nos daba una identidad, una marca registrada como país, diferenciándonos de otros países de la región, tanto centroamericana como latinoamericana, creo que ya ese pacifismo se pulverizó.
Vivimos en momentos donde vemos los números de homicidios, por ejemplo; se habla de esa lucha entre bandas, entre grupos de narcotráfico, y decimos que vivimos en una sociedad muy violenta, pero realmente esa violencia no se limita únicamente a esos espacios de crimen organizado, sino que cada uno de nosotros, en diferentes ámbitos, lamentablemente está ayudando a incrementar esa violencia que se vive en el país.
Sí, efectivamente, es como una naturalización de la violencia en todos los extremos. Ya no podemos conversar, no podemos podemos dialogar, nos pasa factura el tema del tiempo, de la intensidad de las tareas que tenemos en nuestros trabajos y como no estamos haciendo actividades alternativas para liberar esas energías, esos enojos y esas ira, las liberamos de otras formas en los espacios públicos y también en los espacios privados.
El tema de la violencia como tal en Costa Rica hay que verlo en forma integral como un problema de salud pública, porque ya nos está pasando factura, no solo con relación a la violencia que se nos está profundizando, proveniente del crimen organizado, proveniente de las bandas de narcotraficantes que ya operan en el país, sino que también ya es un tema de vida cotidiana en espacios públicos y también en en otros lugares donde la violencia se ha reproducido.
También es un reflejo de la competencia por todo: por el espacio, por llegar antes y primero adonde tenemos que llegar, porque el que va adelante no lo hace con mayor prisa, porque cuando tenemos un un choque, un accidente, no sabemos conversar, que fue lo que me parece que pasó esta mañana con esta dos personas que terminaron, lamentablemente, con la vida de una de ellas.
¿Se vuelven las carreteras un campo de batalla? ¿Qué es lo que está pasando en nuestras carreteras?
La imagen que con la que podría ejemplificar la respuesta a esta pregunta es ver las carreteras como si fueran un campo minado. Es decir, cuando uno sale a las carreteras de nuestro país no sabe si va a regresar y eso complicado, es una señal de que las carreteras nuestras desde hace mucho tiempo dejaron de ser espacios donde se conducía bajo normas de cortesía, bajo normas de civilidad, bajo normas de pacifismo.
Un ejemplo de esto que estoy señalando es que los únicos días en donde las carreteras nacionales, particularmente en el centro del país, son espacios bastante tranquilos son cuatro días feriados al año: jueves y viernes santo, 25 de diciembre y primero de enero. Después de ahí, las carreteras nuestras se convierten en una especie de campo de zona de guerra, un campo minado donde la gente está poniendo sus frustraciones y las no las está resolviendo de buena manera.
Creo que a nivel social, a nivel sociológico, sociocultural eso tiene que ver con algo que yo he venido señalando en varios espacios y es que desde hace un buen rato dejamos de conversar como sociedad, ya no nos escuchamos.
Ha mencionado el tema de la escucha, de escuchar y, al mismo tiempo, conversar ¿Pasa por ahí la solución para cambiar esa realidad que estamos viviendo tan violenta?
Sí, porque tenemos niveles de tensión y de frustración muy altos, entonces esos niveles de enojo, de situación, de ira, no nos dejan escuchar. Yo creo que la que estamos ante las puertas de algo un poco más grave si no entramos a abordarlas desde una forma integral y una de ellas es justamente, estimulando, procesos de comunicación horizontal.
Creo que es importante que la gente deje de comunicarse en redes sociales por un buen rato y se comunique personalmente. Me parece que esto pasa por generar espacios comunitarios y de otro tipo para que la gente pueda conversar y y disminuir de alguna manera sus enojos y resolverlos.
Que no comprometa a las otras personas, pero particularmente la de la vida de otras personas. Estamos ante ante un escenario que me parece que este un escenario disfrazado, es decir, si no hacemos algo pronto, creo que se nos podría salir de las manos también el tema de cómo abordamos la violencia integral en un país como el nuestro.





