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Sobrevivió a trasplante de dos pulmones y ahora su piel cuenta el milagro: “Son un tesoro”

by Alejandro Arley

El panorama era crítico. Tenía una capacidad pulmonar de apenas el 30% y ninguna mujer en Centroamérica había sobrevivido a una operación así. Expolicía y madre de una niña, relata su historia que desde el 4 de junio, un tatuaje se la recuerda a diario.

Fiorella González Lizano tiene 30 años de edad y es vecina de Barrio México, San José. Su vida cambió por completo el 4 de setiembre del 2019 cuando, en el Hospital Calderón Guardia, la sometieron a una impresionante cirugía de 11 horas en la que le quitaron sus dos pulmones enfermos y le colocaron los que hoy la tienen con vida.

El pasado 4 de junio, 33 meses después de la delicada operación, cumplió su anhelo de tatuarse dos pulmones en el pecho como símbolo de esperanza y de la lucha que ha dado.

Estuvo al borde de la muerte antes y después del procedimiento pero asegura que Dios y su familia la mantuvieron con fortaleza. “Volví a nacer. Lo veo como mi segunda oportunidad de vida y lo veo como un milagro”, expresó.

Fiorella, quien fue oficial de la Fuerza Pública, se animó a escribirle a la reconocida tatuadora Kei Flores a quien contactó por la mensajería de Instagram. Después de unos días, ella le contestó y le dijo que Dios le había puesto en el corazón regalarle el tatuaje.

González le solicitó que hiciera los pulmones como unas gemas. “Son un tesoro y los tesoros brillan. Es algo que me va a representar mientras viva. Es el más grande tesoro que Dios me regaló: unos pulmones nuevos. Puedo respirar sin oxígeno, estar con mi hija (Amanda de nueve años), puedo volver a sonreír”, dijo en una extensa entrevista con Noticias Columbia.

Fiorella y Kei Flores

Ahora, llena de optimismo y vitalidad, solo espera que alguien confíe en sus capacidades y le brinde una nueva oportunidad para volver a trabajar. Puede desempeñarse en actividades de oficina, está a punto de culminar la carrera de Relaciones Internacionales y tiene estudios avanzados en Derecho.

Fotos cortesía de Fiorella González

El caso

El padecimiento de fondo sigue siendo un misterio para ella. Fue tratada en el servicio de  Reumatología por una enfermedad autoinmune que inicialmente los médicos creían que se trataba de un tipo de lupus.

Con los años desarrolló una fibrosis pulmonar que degeneró estos órganos vitales. Su testimonio es realmente dramático.

“Eso fue lo que me atacó, la fibrosis pulmonar idiopática. Eso destruye completamente el pulmón, lo hace cicatriz, entonces el pulmón no puede expandirse como el globo que es. Va perdiendo pleura, se va haciendo como un chicle y posteriormente, con las cicatrizaciones, lo que va haciendo son pequeños panales. Es como que te diga… se vuelven piedra”, relató.

“Ya no hay de dónde tener función pulmonar, no hay de dónde rescatar algo. Yo llegué a tener un 30% de función pulmonar. Era oxígeno dependiente, de cinco litros por minuto, lo que podía recibir en mi casa”, añadió.

Sus problemas de salud se remontan al 2013. Comenzó con una tos seca, persistente incluso por años.

Contó que un día, se quedó “morada” corriendo 100 metros. Los dedos de las manos se le empezaron a hacer como “bolillos de tambor”; más protuberantes en la punta por la mala oxigenación.

“Tenía las uñas moradas casi siempre, labios morados, tirando a azul, obviamente por el esfuerzo cardíaco que implicaba para mí mantenerme sin oxígeno cuando no sabía que tenía esta enfermedad”, indicó.

La situación comenzó a ponerse crítica a finales de agosto del 2019 cuando sufrió tres colapsos y requirió que le suministraran altas cantidades de oxígeno.

La hazaña médica

González tiene muy fresco en su memoria el día que llegó  Marietta Dailey, quien labora en el área de trasplantes del Calderón Guardia. “Fio, ya tenemos tus pulmones”, le expresó,

“Cuando me dijo eso, el 3 de setiembre a las 7:00 p.m. Me quedé espantada, no sabía qué hacer. Todas las mujeres y todos los pacientes que habían sido pasados por esta cirugía, habían muerto. Ella me dijo: ‘tenés que firmar el consentimiento’”.

“Ese día dije: ‘Bueno, el que no arriesga no gana y esta es la última prueba para demostrarme a mí, a la familia que amo, a mi hija y a los médicos, que hice todo lo humanamente posible para estar viva, que nunca me di por vencida‘”, afirmó.

Fiorella González y su hija Amanda.

De esta forma, se hizo el trasplante bipulmonar, un procedimiento de alto riesgo que ella calificó como una operación de primer mundo.

Cabe destacar que, solo un año y medio después de la cirugía, esta luchadora también resistió el embate del Covid-19.

Largo camino

Fiorella está inmensamente agradecida con las personas que laboran en el Hospital Calderón Guardia, entre ellas al doctor Rodrigo Chamorro, jefe de cirugía del centro médico quien encabezó el equipo que la operó.

Destaca la labor del personal de la Unidad de Cuidados Intensivos, conocida como UCI quirúrgica, donde recibió cuidados de altísimo nivel y con un trato que le dejó una huella muy positiva.

Su proceso de recuperación fue lento y doloroso. Fue sometida a cinco cirugías más, sobre todo para atender situaciones de su pulmón derecho. Explicó que debido a infecciones y otros problemas, nuevamente estuvo en riesgo de morir.

“Aprendí a hablar porque tuve una traqueostomía, aprendí a comer, a escribir, usé pañales y no me da vergüenza decirlo. Tuve que volver aprender a bañarme”, detalló.

En sus momentos de mayor dificultad, su madre, su hija y sus hermanos han sido su sostén, pero también la fe. “Me agarré de Dios”, dijo sin titubear.

“Desde el momento en que decidí estudiar estando incapacitada, enferma y con un diagnóstico terminal, yo sabía y creía que Dios nunca me iba a dejar morir. Estaba tan segura que empecé a invertir en el estudio y no llevé mi mente a la enfermedad”.

La condición de salud de Fiorella y los altos riesgos de la cirugía provocaron que la pensionaran de la Fuerza Pública antes del procedimiento.

Cortesía de Fiorella González.

Agradece muchísimo el ingreso económico pero es bajo y la situación actual demanda de tener mayores recursos. Por esa razón necesita trabajar de nuevo.

Desea incorporarse a tareas vinculadas con Relaciones Internacionales pero está anuente a laborar en cualquier función administrativa en instituciones, fundaciones o empresas.

“Puedo ser cajera, recepcionista, secretaria, trabajar en una clínica… estoy motivada, soy una persona positiva, feliz, tengo liderazgo, soy segura”, finalizó.

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