Keila Ovares, violinista de la escuela del SINEM de Grecia, y Randall Vindas, que toca la viola en la escuela del SINEM de Acosta, conversaron con Columbia sobre su experiencia.
Dos jóvenes músicos del Sistema Nacional de Educación Musical (SINEM) fueron parte de la Orquesta Sinfónica Infantil de México (OSIM), y cerraron semanas de trabajo y crecimiento con un concierto en el Palacio de Bellas Artes.
Se trata de Keila Ovares García, violinista de la escuela del SINEM de Grecia, y Randall Vindas Fallas, que toca la viola en la escuela del SINEM de Acosta, quienes conversaron con Columbia sobre su experiencia.

Keila toca violín desde los cinco años, por ello, lo considera “su vida”, mientras que Randall toca desde los 7 años la viola, un instrumento con pocos músicos especialistas, y encontró en la viola “su soporte, su vida y su razón de ser”.
El proceso de selección
Antes de llegar a México, los jóvenes tuvieron dos semanas para preparar su audición, con una canción con un nivel mayor de exigencia, que llegarían a tocar en ese país.
Según comentaron los jóvenes, se eligió a cinco estudiantes de un nivel alto para realizar la audición. De esos cinco se seleccionaron dos estudiantes para participar en un campamento musical en México: Keila y Randall.
La experiencia en México
Los jóvenes se asombraron de la amplia oferta de escuelas musicales en México. Eso sí, la experiencia les deja aprender de técnica y de otras formas de enseñanza.
“Todo el aprendizaje, aprender la cantidad de conservatorios, de escuelas que hay en México, que mucha gente que empezó el instrumento de forma empírica después entró a conservatorios o se dedicó después a las grandes escuelas de música, es mucha la competitividad que hay allá en México, entonces entrar en esa nueva cultura del mundo musical a uno lo deja con grandes enseñanzas, le muestra cómo puede ser el mundo”, expresó Randall.

Las dos semanas de estudio intensivo y una gira por siete estados de México culminaron en el Palacio de Bellas Artes, considerado por los jóvenes y por muchos uno de los escenarios más importantes de la región.
“Llegar a Bellas Artes fue impactante, yo desde el momento en que vi esa sala, que nunca la había visto, me dieron hasta ganas de llorar y mi compañero de atril estaba como ‘¿desde ya vas a llorar? Esperate aunque sea al final del concierto’, uno ya va preparado también para la despedida, pero creo que solo el impacto ya me causó mucha emoción”, describió Keila.

Consejos a otros jóvenes músicos
Tanto Keila como Randall pidieron a otros jóvenes músicos prepararse con antelación, tener disciplina y ser constante.
“Aunque sea en la orquesta más pequeña que usted pueda estar o en la oportunidad de llegar a Bellas Artes siempre ponerle mucho, siempre tener la disciplina y el amor por eso sin menospreciar las cosas”, dijo Keila.

“Sobreponer la disciplina por encima de todo, la disciplina es la base de todo aprendizaje, de todo proceso, para llegar a lugares enormes como estuvimos nosotros, lo más importante es la disciplina, porque es lo que a usted le instaura y lo crea como persona, entonces seguir los sueños siempre con el compromiso, con la disciplina de saber que se puede llegar a lugares inmensos con el trabajo que se hace, y creérselo un poquito”, agregó Randall.






