El señalamiento se da a partir de un estudio reciente que revela que 8 de cada 10 comunicadoras han experimentado algún tipo de violencia en su trabajo, ya sea en entornos digitales o dentro de sus propios espacios laborales.
La violencia contra las mujeres en el ejercicio de la comunicación en Costa Rica no solo es frecuente, sino que se ha normalizado y carece de respuestas institucionales efectivas. Así lo advirtió la investigadora Yanet Martínez, del Centro de Investigación en Comunicación (CICOM) de la Universidad de Costa Rica.
El señalamiento se da a partir de un estudio reciente que revela que 8 de cada 10 comunicadoras han experimentado algún tipo de violencia en su trabajo, ya sea en entornos digitales o dentro de sus propios espacios laborales.
Según explicó Martínez, uno de los principales problemas es que estas situaciones se han vuelto parte del día a día en el ejercicio profesional.
“Se ha normalizado. Muchas comunicadoras lo ven como algo que simplemente viene con el trabajo, y eso es sumamente preocupante”, indicó.
Violencia dentro y fuera de las redacciones
La experta detalló que las agresiones no provienen únicamente de usuarios en redes sociales. En muchos casos, también se originan dentro de las propias organizaciones, ya sea por parte de jefaturas, colegas o incluso fuentes informativas.
Entre las principales manifestaciones se encuentran el acoso, los discursos de odio, la descalificación profesional y ataques relacionados con estereotipos de género.
Este panorama, explicó Martínez, genera entornos laborales hostiles que afectan directamente el desempeño de las comunicadoras.
Falta de denuncia y vacíos institucionales
Otro de los hallazgos relevantes es que la mayoría de los casos no se denuncia. De acuerdo con la investigadora, esto responde a factores como el temor a represalias, la falta de confianza en los procesos y la percepción de que no habrá consecuencias.
A esto se suma la ausencia de políticas claras y mecanismos efectivos para atender estas situaciones.
“No existen protocolos sólidos ni rutas claras para que las comunicadoras puedan denunciar y recibir acompañamiento”, señaló.
Impacto en el ejercicio profesional
Las consecuencias de esta violencia van más allá de lo personal. Martínez advirtió que muchas mujeres optan por autocensurarse para evitar ataques, lo que representa un riesgo para la libertad de expresión.
Además, se reportan afectaciones emocionales como estrés, ansiedad y desgaste profesional.
Un problema estructural
Para la investigadora, la violencia contra comunicadoras responde a una problemática estructural vinculada a desigualdades de género, que requiere atención urgente.
En ese sentido, hizo un llamado a fortalecer políticas públicas, generar protocolos dentro de los medios y promover cambios culturales que permitan garantizar condiciones seguras para el ejercicio de la comunicación en el país.





