Según el ingeniero Giovanni Porras, la IA generativa no solo reemplaza tareas humanas, sino que cambia por completo la estructura del trabajo. Advierte que el país necesita políticas públicas claras y capacidad técnica para fiscalizar su uso.
La inteligencia artificial (IA) avanza a gran velocidad y está transformando la forma en que trabajamos, producimos y nos comunicamos. Sin embargo, este progreso también genera preocupación, ya que cada vez más empleos tradicionales están siendo reemplazados por sistemas capaces de realizar tareas que antes hacían las personas.
Desde asistentes virtuales hasta procesos industriales automatizados, la IA está modificando el mercado laboral y obliga a muchos trabajadores a replantear sus habilidades y su futuro profesional.
El ingeniero en sistemas y experto en inteligencia artificial Giovanni Porras explica que esta tecnología ya está impactando directamente los puestos de trabajo y transformando la manera en que las empresas contratan personal.
“La inteligencia artificial generativa no va a tener impacto en el empleo; ya lo está teniendo. Se ha comprobado que un uso adecuado de estos modelos dentro de las empresas genera tanto valor que reduce la necesidad de contratar nuevo talento, desplazando así una cantidad importante de puestos de trabajo”, señaló Porras.
El especialista comentó que diversos estudios advierten que, en los próximos años, podrían perderse millones de empleos en todo el mundo. Sin embargo, también surgirán nuevas oportunidades en sectores tecnológicos y de innovación.
“OpenAI, creadora de ChatGPT, ha reconocido estos impactos. Incluso figuras como Bill Gates pronostican la pérdida de hasta 100 millones de empleos en los próximos diez años. Eso va a ocurrir. Pero también se crearán nuevos puestos derivados de la productividad que generan estas herramientas. Lo que aún no se sabe es si los nuevos empleos compensarán las pérdidas”, añadió.
Regulaciones en debate
Ante este panorama, varios países ya discuten cómo regular el uso de la inteligencia artificial. La Unión Europea aprobó la primera ley integral en la materia, mientras que América Latina apenas empieza a dar sus primeros pasos. El reto es equilibrar la innovación con la protección del empleo, la privacidad y los derechos humanos.
“En el mundo existen tres enfoques regulatorios. El europeo, basado en el nivel de riesgo de cada tecnología; el estadounidense, más liberal y con mínima intervención estatal; y el coreano, que es más flexible, aunque en Asia las dinámicas sociales son distintas”, explicó Porras.
Situación en Costa Rica
Costa Rica cuenta con una regulación emitida por el Micitt, aunque el experto considera que su aplicación sigue siendo limitada.
“Por la estructura institucional del país, el Estado debe liderar la creación de políticas públicas en este tema. La regulación que emitió el Micitt me pareció un buen inicio, aunque con dificultades de implementación, especialmente por su enfoque territorial”, señaló.
Inteligencia artificial y elecciones
Porras también subrayó la importancia de la transparencia en el uso de inteligencia artificial durante los procesos electorales. Recordó que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) estableció que los partidos deben informar si utilizan esta tecnología para elaborar contenidos o propuestas.
“El TSE emitió un lineamiento que obliga a los partidos a declarar si usan inteligencia artificial para desarrollar planes de gobierno o generar contenidos. El desafío está en que el Tribunal tenga la capacidad técnica para verificar el cumplimiento de esa norma. No está mal lo que hizo el TSE: definió el ‘qué’, pero aún falta el ‘cómo’”, concluyó.





