- Especialistas señalan que el reto será fortalecer la producción nacional y mejorar su competitividad.
Costa Rica mantendrá sus relaciones comerciales actuales, pero dejará en pausa la posibilidad de ampliar el acceso a mercados internacionales mediante el Acuerdo Transpacífico. La decisión anunciada por la presidenta Laura Fernández de detener el proceso de incorporación al tratado plantea un balance entre las oportunidades comerciales que el país podría aprovechar en el futuro y las preocupaciones de sectores productivos nacionales.
El acuerdo reúne a 12 economías y busca facilitar el comercio entre sus integrantes. Para Costa Rica, ingresar habría abierto la posibilidad de mejorar las condiciones de acceso a algunos de esos mercados, atraer inversiones y ampliar los destinos de sus exportaciones.
Jhon Fonseca, profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR), especializado en comercio global y evolución económica, explicó que el país no pierde los mercados con los que ya mantiene relaciones comerciales, pero sí deja de avanzar en una oportunidad estratégica.
“Costa Rica no pierde sus mercados actuales al no incorporarse al acuerdo. Pero lo que sí pierde es una oportunidad desde mi perspectiva estratégica de ampliar y diversificar su inserción en la economía mundial”, explicó.
¿Qué oportunidades comerciales quedan en pausa?
Uno de los principales argumentos a favor de la incorporación era la posibilidad de diversificar los destinos de las exportaciones costarricenses.
Actualmente, una parte importante de las ventas del país al exterior se concentra en determinados productos, empresas y mercados, especialmente Estados Unidos. Depender de pocos destinos puede aumentar la exposición de Costa Rica a cambios en los aranceles, tensiones internacionales y modificaciones en las cadenas de suministro.
Fonseca señaló que el Acuerdo Transpacífico podía contribuir a reducir esa concentración.
“Para Costa Rica incorporarse significaría mejorar las condiciones de acceso a alguno de esos mercados, diversificar destino de exportación, fortalecer nuestra posición como plataforma de inversión extranjera directa y participar en nuevas cadenas globales de valor”, afirmó.
Esto significa que las empresas nacionales podrían haber tenido más opciones para vender sus productos en el exterior y que Costa Rica habría podido atraer inversiones vinculadas con actividades comerciales y productivas internacionales. Sin embargo, estos beneficios no estaban garantizados: su alcance dependería de las condiciones negociadas y de la capacidad de las empresas costarricenses para aprovecharlas.
El economista Daniel Suchar también destacó el tamaño del mercado al que Costa Rica podría acceder mediante el tratado.
“En el caso del Acuerdo Transpacífico, acá hay beneficios desde el punto de vista de más apertura, más Costa Rica al mundo, para poder llevar nuestros productos hacia un mercado potencial de 600 millones de personas”, señaló.
Suchar explicó que mayores oportunidades de exportación podrían traducirse en más actividad económica y empleo, tanto directo como indirecto, especialmente en el sector exportador agropecuario.
¿Qué riesgos enfrentaban los productores nacionales?
Una mayor apertura comercial también puede facilitar el ingreso de productos extranjeros que compitan con los elaborados en Costa Rica.
Si los bienes importados llegan a precios más bajos, podrían ganar espacio en los comercios nacionales y desplazar parte de la producción local. El efecto dependería de las condiciones de acceso negociadas para cada producto y de la capacidad de respuesta de las empresas nacionales.
Suchar resumió este intercambio entre oportunidades y riesgos:
“Así como estamos diciendo más Costa Rica al mundo, también es más mundo para Costa Rica y por supuesto empezarían a venir productos que desde el punto de vista competitivo a nivel de precios podría llegar a desplazar productos en los anaqueles nacionales de productos o de origen doméstico”.
Por eso, el economista considera que la discusión sobre el tratado implica valorar tanto las oportunidades para vender en el exterior como la competencia que podrían enfrentar algunos sectores dentro del país.
¿Qué gana Costa Rica al detener el proceso?
Para Suyen Alonso, investigadora del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Nacional (Cinpe-UNA), una de las principales ganancias de la discusión fue la organización de distintos sectores productivos para presentar sus preocupaciones.
“Al final, se logró una organización de sectores productivos en a lo largo y ancho del país, involucramos comunidades, familias, empresas que también están vinculadas a estos sectores, a través de los cuales se logró construir posiciones colectivas que incidieron en la política pública”, afirmó.
Alonso considera que esa coordinación representa una oportunidad para impulsar cambios en las políticas de apoyo a la producción nacional.
La investigadora también advirtió que detener el ingreso al tratado no resolverá por sí solo las dificultades que enfrentan las empresas y los productores costarricenses.
“No ingresar al CPTPP no va a resolver los problemas estructurales de nuestra producción nacional que se han venido presentando a lo largo de las décadas, pero sí nos está abriendo esa posibilidad de plantear nuestras demandas para contar con políticas de desarrollo productivo a largo plazo”, explicó.
Esto significa que los desafíos relacionados con los costos de producción, la competitividad y las condiciones para vender en el mercado nacional e internacional seguirán presentes, independientemente de la decisión sobre el acuerdo.
El reto de fortalecer la producción nacional
Los especialistas coinciden en que el debate no debería limitarse a decidir si Costa Rica debe abrir o cerrar sus mercados. También implica determinar cómo preparar a las empresas para competir y cómo acompañar a los sectores que podrían enfrentar mayores dificultades.
Fonseca planteó la necesidad de fortalecer la capacidad técnica del Ministerio de Comercio Exterior (Comex) para evaluar los posibles efectos de los acuerdos y definir medidas de apoyo.
“Todo acuerdo de esta naturaleza debería de acompañarse desde su discusión en la Asamblea Legislativa de un instrumento que establezca compromisos concretos de gobierno para apoyar a los sectores potencialmente afectados y desarrollar las capacidades necesarias para aprovechar las nuevas oportunidades”, sostuvo.
Alonso, por su parte, señaló que la discusión puede contribuir a colocar las necesidades de los productores nacionales en el centro de las decisiones sobre el modelo de desarrollo del país.
“Ganamos la posibilidad de reposicionar sectores productivos nacionales en la discusión sobre nuestro modelo de desarrollo productivo”, manifestó.
La decisión de detener el proceso deja en pausa las oportunidades comerciales asociadas con la adhesión al Acuerdo Transpacífico, pero no elimina los retos de la producción nacional ni garantiza mejores condiciones para los sectores que expresaron preocupación por el tratado.
El desafío para Costa Rica será definir cómo fortalecer a sus productores, mejorar la competitividad y aprovechar los mercados internacionales con los que ya mantiene relaciones comerciales.





