El nuevo presidente boliviano plantea un giro hacia el centro-derecha, con énfasis en la reactivación económica, la transparencia y la reconciliación nacional.
El nuevo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, asumió oficialmente el poder este sábado 8 de noviembre, tras imponerse en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Con su llegada al Ejecutivo, el país pone fin a casi dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS) y abre una nueva etapa política marcada por la expectativa de cambio.
Durante la ceremonia de investidura, Paz —hijo del expresidente Jaime Paz Zamora— aseguró que su prioridad será “reconstruir la economía y devolver la esperanza a las familias bolivianas”, en medio de una de las crisis más complejas de los últimos años. El mandatario reconoció que recibe un país con desequilibrios financieros, escasez de combustibles y pérdida de confianza en las instituciones públicas, y prometió aplicar medidas que reactiven la producción sin abandonar el enfoque social.
“Bolivia necesita dejar atrás la confrontación y volver a creer en sí misma”, dijo el nuevo presidente al jurar el cargo.
Un cambio de rumbo político
El triunfo de Paz marca un giro hacia el centro-derecha, luego de casi veinte años de hegemonía del MAS. Su discurso se centra en promover la inversión privada, fortalecer el Estado de derecho y combatir la corrupción, al tiempo que garantiza la continuidad de programas sociales dirigidos a los sectores más vulnerables.
Aunque su partido, el Demócrata Cristiano, se consolidó como la principal fuerza en el Congreso, no cuenta con mayoría absoluta, por lo que el nuevo gobierno deberá construir alianzas para aprobar las reformas que ha prometido.
Desafíos económicos y sociales
El país enfrenta una inflación elevada, reservas internacionales debilitadas y tensiones sociales por la falta de combustible y productos básicos. En este contexto, Paz anunció que su administración buscará acuerdos con el sector productivo y organismos internacionales para estabilizar las finanzas públicas y asegurar el abastecimiento energético.
Además, advirtió que será necesario “modernizar el Estado sin privatizarlo”, en alusión a las preocupaciones de sectores populares que temen retrocesos en materia de derechos laborales y servicios públicos.
Nueva política exterior
En el plano internacional, el presidente boliviano planteó una política de “puentes y no muros”, con la intención de recuperar relaciones diplomáticas con varios países, entre ellos Estados Unidos, y fortalecer la cooperación con organismos multilaterales para atraer inversión extranjera.
Expectativas de la población
La llegada de Paz genera tanto esperanza como incertidumbre. Parte de la ciudadanía ve en su elección una oportunidad para superar la polarización, mientras otros sectores mantienen dudas sobre el alcance real de sus promesas.
El nuevo mandatario deberá demostrar su capacidad para gobernar en un escenario político fragmentado y una economía frágil. Su principal desafío será cumplir las expectativas de cambio sin desestabilizar al país.





