La Copa del Mundo de 2026 está llegando a su clímax, y tras la histórica victoria de la Selección Española por 2-0 ante Francia en Dallas, la Roja ya tiene su billete asegurado para la gran final en el MetLife Stadium.
Mientras Inglaterra y Argentina se baten a duelo por el otro boleto, hay una verdad mística que empieza a tomar fuerza en los pasillos de las cábalas y la estadística: España es la única gran candidata limpia de maldiciones.
Para entender por qué España acaricia su segunda estrella, primero hay que mirar las insuperables losas estadísticas que aplastan a sus rivales directos:
- Francia (Ya eliminada): La profecía del Balón de Oro volvió a cobrarse una víctima. La historia dicta que la selección que cuenta en sus filas con el vigente ganador del Balón de Oro jamás logra coronarse campeona del mundo en esa edición. Ousmane Dembelé ya fue víctima del cerrojo español.
- Argentina: La vigente campeona llega a la antesala de la final arrastrando un maleficio histórico. Nunca la selección que ocupa el puesto número 1 del ranking FIFA al comenzar el torneo ha logrado salir campeona del mundo. Si la Albiceleste de Lionel Scaloni quiere revalidar su corona, tendrá que romper una ley estadística infalible desde la creación del ranking.
- Inglaterra: Los inventores del fútbol han apostado todo a la mente de Thomas Tuchel, un estratega de élite mundial. Sin embargo, se topan de frente con un muro insalvable: en toda la historia de los Mundiales, ningún técnico extranjero ha logrado salir campeón del mundo. Tuchel es alemán, y esa condición de foráneo condena las esperanzas británicas según los libros de historia.
¿Y qué pasa con España? La Roja se presenta ante la gran cita del 19 de julio con una hoja de servicios mística impecable: Era primer lugar del ranking, pero la derrota ante Iraq en su fogueo previo al Mundial le cedió ese puesto a Argentina; además, Luis de la Fuente, nacido en Haro, representa la identidad nacional en el banquillo, cumpliendo con la sagrada regla del seleccionador local para campeonar.





