A menos de ocho meses para las elecciones del 2026, las agrupaciones preparan sus campañas bajo en lema de un cambio.
A medida que se acercan las elecciones nacionales del 2026, varios candidatos empiezan su campaña política para buscar el apoyo de los costarricenses en las urnas.
Dentro de sus discursos, es normal que los aspirantes aprovechen para hacer promesas a los electores, con el fin de diferenciarse de sus contrincantes en su búsqueda de ser finalmente quienes reciben la mayor cantidad de votos.
Una de las promesas que ha destacado en varios de los candidatos es la del cambio.
Para el analista y experto en datos, Mario Quirós, la propia palabra ‘cambio’ aún tiene un enorme peso emocional y hasta simbólico en el discurso político.
Eso sí, indicó que está siendo utilizada por muchos aspirantes, pero son pocos los que logran que su mensaje cale de manera convincente.
«La mayoría del electorado hoy desea algún tipo de cambio. Puede estar dividida en cuanto a su dirección, en cuanto a su profundidad y hay un grupo que respalda un cambio más fuerte como el que apoya al presidente y al oficialismo y otro, tal vez, un cambio más moderado, más suave, más gradual, pero ojo, tampoco quiere un retorno al pasado. Entonces, aquí lo que hay que decir es que el concepto de cambio es transversal, pero tampoco es un concepto uniforme y yo por lo menos identifico cuatro líneas sobre el tema. Uno, hay un cambio con contenido rupturista, que es el que propone el presidente. Para bien o para mal, representa un cambio con una propuesta clara de ruptura con lo tradicional y, le guste o no a alguno, su discurso ha tenido una coherencia narrativa y un marco de propuesta muy definido. Hace una propuesta de cambio al electorado con un discurso fuerte a lo que él ha llamado obstáculos institucionales y una narrativa de eficiencia directa. En la segunda línea es lo que se podría llamar un cambio emergente pero difuso, donde algunos candidatos también apelan al cambio, pero no logran aún traducir eso en una propuesta concreta o diferenciadora. Representan un cambio más por una intención, un posicionamiento simbólico, pero no han definido una agenda clara y eso genera dudas sobre su viabilidad o autenticidad y también limita la capacidad para generar confianza y movilizar entusiasmo», explicó Quirós.
Además del cambio, entendido como la propuesta definida por el ‘rodriguismo’ y los posicionamientos sin estrategias claras, Quirós señaló que también existe la intención de presentarse como la oposición al oficialismo.
«Hay algún cambio que podríamos decir que viene desde lo tradicional. Hay actores, especialmente partidos políticos tradicionales, que han empezado a usar el término de cambio, pero tienen un reto de credibilidad. La pregunta legítima que podría hacerse el electorado es ¿Por qué ahora sí y antes no, si antes formaron parte de ese status quo, qué ha cambiado en su visión, en su estructura o en su liderazgo que les permita confiar en una transformación real? Aquí el riesgo que tienen es que el cambio se perciba como un recurso de oportunismo electoral y no por convicción. Cuarto, creo que hay una línea conceptual del cambio como oposición al oficialismo. El discurso de cambio está construido, en algunos también, como una oposición directa al presidente Chaves, pero sin claridad sobre qué implica. Esta por postura muchas veces a la gente le termina por por dejar en la mente que es como volvamos a lo anterior, lo cual no necesariamente tiene sintonía con el electorado. Las encuestas y los estudios de opinión sugieren que, si bien no todos apoyan el rumbo actual, tampoco existe una mayoría que quiera volver al modelo previo», añadió el analista.
Finalmente, para el politólogo Daniel Calvo, el concepto de cambio ha sido frecuente en diversas campañas electorales porque permite ser interpretado de distintas maneras.
«Es una palabra que hace alusión principalmente a la alternabilidad, en razón de que las fuerzas opositoras quieren llegar a gobierno y eso implicaría la salida del partido oficialista, pero también lleva mucho de indeterminado en razón de que cada costarricense lo interprete a su gusto. Eso lo hemos visto en otras campañas y de ahí que sea un término tan frecuente en las narrativas electorales, dado que permite múltiples interpretaciones», describió el analista político.





