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Cinco años del huracán Otto: La emergencia que también golpeó a los rescatistas

La noche del 24 de noviembre del 2016 dejó una huella imborrable en Upala y Bagaces tras el impacto directo del huracán Otto. Un equipo de Noticias Columbia se desplazó a Upala para recopilar testimonios de sobrevivientes, afectados, rescatistas y personas allegadas a víctimas mortales. 

Cuando el deber llama

Orlando Sequeira, administrador de la Cruz Roja de Upala, recordó que el día estaba soleado y no parecía que sobre el cantón hubiera una amenaza de enormes proporciones. Pese a ello, en el Comité estaban alertas y con los planes listos en caso de que fueran necesarios por la trayectoria que seguía el huracán.

Como precaución, Sequeira, de 53 años, optó por llevar a su esposa y una hija, ambas con discapacidad a un lugar seguro. Esa decisión les salvó la vida. 

Tras el atardecer, la fuerza del huracán comenzó a golpear la zona con lluvia y viento. Los ríos se desbordaron, el nivel de agua creció aceleradamente, comenzaron las caídas de árboles y por las calles corría lodo, troncos y piedras de gran tamaño. El desastre empezaba a gestarse y las emergencias se dieron durante toda la noche y la madrugada.

La Cruz Roja había previsto montar el Comité en un lugar seguro, con personal, equipos y las unidades. Esa también fue otra decisión acertada. La sede del Comité se inundó y no podía utilizarse.

Sequeira, quien tiene 37 años de estar vinculado a la Cruz Roja, recordó que trabajó sin descanso y que dos días después decidió ir a su casa en el barrio Los Ángeles de Upala. Su sorpresa fue total al darse cuenta de que estaba completamente dañada.

El socorrista destacó que el personal de la Benemérita hizo su trabajo de ayudar a los demás a pesar de que sus propias familias o propiedades también se veían afectadas.

Escuche aquí la entrevista completa.

Impotencia y dolor

Orlando Zamora tiene 61 años, es técnico de Salud en la Caja Costarricense de Seguro Social y bombero voluntario desde hace 19 años. El 24 de noviembre del 2016 estaba en la estación de Upala y confesó que durante la tarde, el día era normal y no daba la sensación de que un huracán estuviese cerca de llegar.

Cuando arreció la lluvia y comenzaron a llegar los pedidos de auxilio, Zamora salió en una unidad junto con otros compañeros a atender una emergencia en San José de Upala. Un trayecto que suele hacerse en 15 minutos, les tomó unos 45 debido a que las vías eran ríos y estaban llenas de lodo y árboles. 

En San José de Upala no pudieron avanzar más y cuando se percataron, tampoco podían regresar al centro de la comunidad. Estaban varados, sin poder ayudar a las personas. 

En medio de esa situación, a través de sus hijos se enteró de que su casa se estaba inundando y que su esposa Flor Martínez estaba atrapada, subida en un desayunador y con el nivel del agua subiendo. Uno de sus hijos que estaba cerca de la vivienda solo pudo aferrarse a unas barandas. 

Sin poder movilizarse, pidió a Dios que tomara el control de la situación. Además los celulares se descargaron y perdió contacto con sus familiares.

Entre las 2 y 3 de la mañana, le avisaron que otros bomberos habían rescatado a su esposa. Cuando finalmente pudo llegar a su casa se desahogó y comprendió la magnitud del desastre. La familia perdió todas sus pertenencias. 

Escuche aquí el relato completo: 

Situaciones al límite

Manuel Monge, jefe de la estación de Bomberos de Upala, relató que durante la noche del 24 de noviembre del 2016 y la madrugada del 25, vivió situaciones que lo impactaron mucho.

Una de ellas fue cuando llegó a un lugar donde había unas cinco personas subidas en el techo de una casa que pedían ayuda con desesperación. El problema era que frente a la vivienda había una corriente muy fuerte y para los bomberos era imposible acceder a ellos.

Con el megáfono del vehículo, Monge trató de tranquilizar a las personas, darles ánimo para que pudieran esperar a que bajara el nivel de agua y no trataran de bajar.

“Era muy peligroso, estaban bajando árboles. No se podía hacer el rescate”, recordó.

En otro episodio muy difícil, el jefe de la estación recordó que en la madrugada, un hombre lastimado se le acercó para pedirle ayuda porque la corriente arrastró a un bebé, hijo de su hermana.

La persona relató que no había podido avisar porque también fue arrastrado por el agua y hasta ese momento pudo salir a avisar lo que había pasado.

El cuerpo del menor fue hallado horas después, situación que afectó mucho a los socorristas.

Escuche aquí el relato: