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30 años del terremoto de Limón: Un cruzrojista conmovido por la solidaridad

En abril de 1991, Wagner Leiva era voluntario en el comité de Moravia y no lo pensó dos veces para ir a Limón, epicentro del terremoto. Allá, en medio del caos, se conmovió profundamente al ver cómo las personas se ayudaban unas a otras.

El cruzrojista recordó que estaba en el hospital Calderón Guardia cuando ocurrió el sismo. Minutos después comenzaron a llegar las noticias de que el Caribe había sido golpeado violentamente.

Leiva, quien actualmente labora en la Unidad Canina (k-SAR) de la Cruz Roja, llegó vía aérea a Limón porque no había paso terrestre. Asegura que los recuerdos de la emergencia están tan frescos como si hubiese ocurrido hoy. 

Tras el aterrizaje, los socorristas que llegaron de otras partes del país pusieron manos a la obra y durante muchos días comenzaron a atender múltiples llamados. Wagner recuerda que sufrieron un accidente al tratar de auxiliar a una mujer. 

Todo pasaba mientras el suelo se seguía moviendo por las réplicas del sismo de magnitud 7,7 del 22 de abril. 

La imagen fue tomada unos días después del terremoto. Leiva aparece abajo de cuclillas, con uniforme azul, segundo de derecha a izquierda.  

En medio de la crisis, las comunicaciones eran muy difíciles. Leiva destaca que le impresionó cómo los limonenses se unieron fraternalmente para enfrentar la emergencia. 

Cuando la ayuda internacional llegó a Limón, arribaron al país rescatistas especializados en búsquedas y rastreos con perros. Ese contacto caló en Wagner, quien de inmediato supo que quería impulsar la creación de una unidad igual en el país.