- Analistas aseguran que la caída del bipartidismo y la fragmentación actual anticipan un 2026 incierto.
Costa Rica vive un cambio de época. Así lo afirmaron el exministro del PLN, Fernando Berrocal, y el analista político Víctor Ramírez en el programa Por Tres Razones, quienes aseguran que el modelo político construido después de 1948 llegó a su fin y que la figura de Rodrigo Chaves aceleró ese quiebre.
Ramírez aseguró que el actual mandatario es una figura “disruptora” que llegó para catalizar un país cansado y distinto al de décadas anteriores. “El 80% de los costarricenses no tiene partido. Esa sola cifra demuestra que el país es otro”, señaló. Añadió que la cultura política, la forma de informarse y la relación con el poder ya no se parecen en nada a las de la Segunda República.
Berrocal reconoció que Chaves generó un sacudón político, pero recalcó que no se pueden comparar sus liderazgos:
“No estoy de acuerdo en comparar a Rodrigo Chaves con don Pepe Figueres. No hay parámetros”, afirmó.
Su preocupación, dijo, son los resultados:
“El problema es si Rodrigo Chaves significó el cambio que dijo en 2022. Yo no veo ese cambio”.
Ambos coincidieron en que el bipartidismo colapsó y que las próximas elecciones se darán en un escenario completamente nuevo.
El analista Víctor Ramírez coincidió en que el país vive una etapa inédita, pero atribuyó el fenómeno no solo a la figura del presidente, sino a la incapacidad de la oposición para entender al electorado.
“Yo estoy obligado a entender al adversario. Y eso no lo hizo Liberación Nacional, ni la Unidad, ni los otros partidos”, dijo.
Según Ramírez, la oposición llega debilitada al 2026 porque se fragmentó, perdió discurso y renunció a construir un proyecto común.
“Entre más partidos haya, más favorece al oficialismo. Porque se dividen los porcentajes”, explicó.
Las encuestas lo respaldan: la suma de todos los partidos opositores es menor que la intención de voto de la candidatura oficialista.
Ambos señalaron que este comportamiento ciudadano forma parte de un cambio más profundo: el electorado parece estar abandonando los alineamientos tradicionales y está dispuesto a tomar decisiones más impulsivas, más individuales y menos partidarias.
Con más del 50% de personas indecisas, un umbral alto para ganar en primera ronda y un histórico crecimiento del abstencionismo en segundas rondas, las elecciones del próximo año se perfilan como un laboratorio político





