- Contenidos extremos, bots, desinformación y burbujas informativas crean un escenario donde lo más falso se puede volver lo más visible.
Por primera vez, una encuesta nacional demuestra que la mayoría de las personas en Costa Rica se informa a través de redes sociales. El estudio sobre Libertad de Expresión y Confianza en Medios de Comunicación revela que un 72% de la población usa estas plataformas para enterarse de lo que ocurre en el país, mientras que un 53% recurre a los noticieros. El dato marca un giro histórico en un contexto donde el comportamiento del algoritmo podría influir en las elecciones de 2026.
Hugo Picado, director del Instituto de Formación y Estudios en Democracia (IFED), advirtió que esta tendencia exige un uso responsable, ya que las redes operan bajo una lógica algorítmica que segmenta y polariza:
“La lógica algorítmica suele crear segmentaciones, profundizar polarización y facilitar la circulación de noticias falsas”, expresó. Añadió que el Tribunal hace un llamado a ejercer una ciudadanía digital responsable, “sobre todo en la población joven, pero también en la adulta, que hoy tiene en sus manos la posibilidad de informarse casi por completo por Internet”.
El riesgo, según especialistas, está en que los algoritmos priorizan contenidos que generan más reacciones, lo que empuja información emocional o extrema por encima de contenido verificado. Cristian Bonilla, vicerrector de Innovación de la Universidad Latina, explicó que los sistemas privilegian el contenido que aumenta el tiempo de permanencia del usuario:
“El algoritmo simplemente empuja lo que maximiza la permanencia de la gente en la plataforma… no distingue entre información verificada o falsa”, señaló.
Bonilla agregó que los temas radicales se vuelven más visibles porque generan emociones intensas, mientras que la “burbuja informativa” refuerza los sesgos de cada persona.
“Si alguien sigue a un partido político, el algoritmo entiende que solo quiere consumir ese contenido, y termina encerrando al usuario en una sola narrativa”, comentó.
El riesgo no solo está en el contenido que se muestra, sino también en quién lo financia. Bonilla explicó que comprar alcance político sin dejar rastro es sencillo:
“Se puede pautar desde perfiles falsos, pagar microinfluencers o contratar trolls… y eso diluye quién está detrás del mensaje político”, detalló.
Para el politólogo Mario Quirós, el algoritmo no reemplaza la información tradicional, sino que la reorganiza de forma que altera la conversación pública.
“La gente ya no observa el debate completo, solo ve las partes que el algoritmo decide que son relevantes… y no necesariamente lo más equilibrado o profundo”, afirmó.
Los expertos coinciden en que el país enfrenta una campaña donde la información no circulará por lo que es más importante, sino por lo que el algoritmo considera más rentable. Y con un electorado que se informa mayoritariamente por redes, el riesgo de manipulación crece.





