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El porqué me quebré cuando dije “papito lindo, te amo” y no pude terminar…

Eduardo Baldares - 12 de julio de 2022
El porqué me quebré cuando dije “papito lindo, te amo” y no pude terminar…

Soy cartaginés desde antes de ver la luz. Cuando se nos escapó la cuadrangular de febrero del 76, mami atajó las lágrimas en tus mejillas con besos de consolación y a través del cordón umbilical me nutrí de este amor tan hermoso y adictivo.

No me acuerdo, pero Mamacita, tu mamá, mi abuelita del alma, me contó que te devastó la final del 77, contra Saprissa, luego de aquel traumático gol por horquetas de Nelson Bastos a Bobby Álvarez. Y que abrazaste por minutos que se hicieron siglos al bebé que habitaba aquella casona frente a la Jesús Jiménez… yo. Al parecer, aquel mocosillo te dio fuerzas para salir del trance.

Sí me acuerdo del 79-80, verte volver hecho pedazos del Nacional con mami, tía Thelmita y Mario, con el corazón roto, y cómo te brillaron los ojitos cuando me viste esperándolos desde la ventana, escapándomeles a Mamacita y Papacito, que me imaginaban en los brazos de Morfeo desde hacía rato. Ese abrazote sí lo recuerdo hasta la fecha.

Con vos de la mano entré por primera vez al “Fello”, un Cartaginés 1 – Saprissa 1 con Marcos Rojas volando de palo a palo. Aunque nos fuimos a segundas y me aconsejaste hacerme del equipo de mami, la Liga, no te hice caso. Fuimos a todos los partidos de locales y a muchos de visitantes y recuerdo cómo celebramos el ascenso como si fuera la Copa del Mundo.

A esas alturas, Papacito ya me lo había contado todo, todo, incluido el “gol de la media” de Luis Chacón en 1969, y que privó al Ballet Azul de su merecido campeonato. Pero volvimos a primeras y la pulseamos todos los años hasta que, por fin, en 1988, ¡se nos iba a hacer!… Pero no. Víctor Rodríguez pitó el célebre “peligro de gol” que narró (lamentó) Pilo Obando, un salto tan descomunal del “Chinito” Chan que hasta a Cristiano Ronaldo se le desmontaría la quijada viéndolo, antes de ponerse rojo. ¿Será ese el gol que más hemos celebrado, papi? Cuando terminamos de desgalillarnos, vimos que lo habían anulado. Y se nos fue.

En 1993 preferiste quedarte en casa para el partido de ida, pero Thelmita, Mario y Marito sí fuimos a la Casa de don Eladio y fuimos testigos presenciales del único penal en la historia de la humanidad que se cometió metro y medio afuera del área… El baldazo de agua fue tan helado que ni fuerzas tuvimos para gritarle nada a Rodrigo Badilla. Sí fuimos juntos al medio partido que se jugó en Cartago, pero la bola no quiso entrar y en el Nacional a puertas cerradas tampoco. Papi, se nos volvió a ir.

¡Por fin! Tocamos el cielo el 5 de febrero del 95. Contagiados ya de la fiebre azul, incurable y ascendente, Beatriz, Roberto, vos y yo gritamos el doblete de Heriberto Quirós. Luego, descargamos toda la artillería de exabruptos contra Brian Hall cuando expulsó al “Chimi” junto a Miguel Herrera, ¡qué injusticia!, ¡fue el “Piojo” el agresor! Después nos llenamos de pánico cuando los mexicanos empataron y nos dijiste que trotáramos por toda la vieja casona desde ese instante y hasta el final del partido, haciendo crujir los pisos de madera para mandarles vía cósmica buenas vibras a los muchachos hasta San José, California… ¡Y funcionó! “Pin” Gómez se sacó del sombrero una falta dentro del área y Marco Tulio anotó el penal más trascendental de la historia. CSC 3-Atlante 2. Final de Concacaf. Dicen que nuestro grito de gol sigue dando tumbos en los rincones más recónditos del multiverso. No me acuerdo a qué hora llegué a la casa. Pero ya era de día y a la par mía estaba Marito, muerto de risa.

Pero, juepucha, queríamos el título nacional. ¡Cómo lo deseábamos! Y lo rozamos en el 96. Le ganamos a la Liga la final de segunda fase, 1-0 en el “Fello” y 2-2 en la “Catedral”, pero luego, ya en la “Gran Final”, desde la gradería norte vimos como un cachorro de solo 16 años, de apellido Ledezma y de nombre Frolylan, nos hizo partículas el sueño. Con doblete suyo nos ganaron en casa y allá no nos alcanzó. Empatamos a uno. Ramón Luis sigue sin convencerme cuando me jura que Alex Gómez sí le cometió penal a “La Bala”. ¿Cómo mover un tanque con un lápiz? Pero bueno…

En el 99, pocos meses antes de irse sin escalas para encontrarse con Mamacita, le pregunté a Papacito si no quería quedarse en la Tierra para ver a Cartago campeón y su respuesta nunca la olvidaré: “Yo lo vi las tres veces y en la cancha… El que quiero que lo vea es su papá”. Desde entonces, la frase me retumba en la cabeza como bolita de pinball.

Ya estaba abierto un extenso paréntesis sin finales. Pero celebramos como si lo fueran dos angustiosos cierres de campeonato, cuando nos salvamos del descenso con aquel tiro de Danny Fonseca contra Liberia, que se desvió por obra de la providencia en Evaristo Contreras (2004); y cuando perdimos en Alajuela 2-0 y Juan Luis salió corriendo para celebrar, según él, la salvación, cuando el partido en Guápiles no había terminado… Pero Beatri, Rober, vos y yo seguíamos oyendo Columbia y morimos por un instante cuando Rodolfo Méndez gritó “Urrutia soloooooooo” y se quedó callado años, lustros, décadas ¿qué demonios pasó?… “la botóóóóóó”. Luego “Rodo” me confesaría que él mismo casi fallece. Y Juan Luis diría que las buenas vibraciones del festejo anticipado desviaron el remate del santista. ¡Nos salvamos! Y salimos de Alajuela sonando la corneta del Nissan Pulsar deportivo como si de una final de tratase (2008).

Y llegó 2013, y el festejo con tintes de carnaval en el “Fello” y en Cartago y en toda la provincia, luego de un 3-1 sobre Herediano que parecía ser definitivo. El problema es que faltaba el segundo partido y los infortunios se sucedieron uno tras otro; Poveda le mostró amarilla a Johnson por darle un cejazo en el codo al “Chuky” Gómez y pringarlo de sangre (leáse con récord Guinness de ironía), la roja discutible contra el sobrino del “Chinito” Chan, penal, gol, 2-0, 3-0 y el 3-1 de Lezcano anticipando al “Osito” (sí, desde donde entonces hacía de las suyas), que solo sirvió para que la tanda de penales nos doliera más. Otra vez se nos iba, papito. Vos empleaste todas tus energías en consolar a Beatriz allá, frente a las pantallas gigantes en el José Rafael. En el estadio, yo veía a Rober salir corriendo del Fortín y me quedaba allí, en el epicentro del festejo rojiamarillo, haciendo de tripas corazón con Alejandro Arley, amigo entrañable, compañero de mil batallas. Con una mirada bastó para saber que él estaba tan destrozado como yo.

Nueve años después me tocó vivirlo con sentimientos controlados, como periodista y narrador, con la imparcialidad que me exige la profesión, y así traté de cantar con igualdad de decibeles los goles de Gamboa y Campos, por equidad y respeto a las dos aficiones. Pero llegó el final y conforme iba dándoles créditos a los héroes inmortales que rompieron los 81 años cinco meses de espera, me llegaron desde el pretérito  los recuerdos y te sentí a la par mía, como si estuvieras en esa butaca del Morera y no allá en Tejar, y fue entonces que me salió del corazón ese íntimo “papito lindo te amo” del que no me pude recuperar más; se me quebró la voz y tuve que finalizar antes de romper en sollozos, sin poder homenajear como quería al “Pelirrojo”, Leonel, Wally, “Macho”, “Magús”, Chan, Elías, “El Policía”, Marchena, “Machón”, “Chimi”, “Pin”, Jewisson, Danny, “Chiqui” y tantos otros que intentaron darte esa felicidad por la que tanto esperaste… papito lindo.

Fotografía: Gentileza del sitio Buzón de Rodrigo, del periodista e historiador deportivo Rodrigo Calvo. Se aprecia el salto grandioso de José Chan ganándole en las alturas a Jorge Arturo Hidalgo. Inexplicablemente, el árbitro Víctor Rodríguez invalidó la anotación.
Fotografía: Por fin la afición brumosa consiguió celebrar este 2022 el anhelado título 4 (Prensa/CSC).

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