Recientemente, la librería anunció su cierre definitivo tras 130 años de existencia.
El espíritu lector de muchos costarricenses, su gran oferta y el apoyo a las editoriales locales son algunos de los legados que deja la Librería Lehmann a la cultura del país.
La Lehmann anunció su cierre definitivo tras 130 años de existencia, y muchas épocas y desafíos atravesados.
En conversación con Columbia, el presidente de la Cámara de Libro, Óscar Castillo, calificó el cierre como “muy triste” porque, pese a sus desafíos esperaba buenas noticias.
“La librería Lehmann es una librería que acompañó a miles de costarricenses durante 130 años, ofreciéndoles literatura extranjera y nacional por montones, era una oferta de gran cantidad de títulos, de gran calidad de los títulos, de un cuidado envidiable en la selección de los títulos que ofrecía a los lectores, y es una historia de una librería que tuvo que enfrentarse a muchas cosas malas y muchas cosas buenas”, comentó.
La historia
Castillo relató que dentro de esos desafíos hubo exilios en la familia Lehmann durante la Segunda Guerra Mundial, que provocaron que la librería cambiara de dueños, desde sacerdotes hasta hogares de adultos mayores.
“El asilo ya no se lo retornó a don Antonio Lehmann, entonces por mucho tiempo tuvieron que pagar alquiler del edificio que había sido suyo, por ahí empiezan las dificultades de la librería Lehmann, que se sostuvo con gran valentía a pesar de ese infortunio. y siguió por mucho tiempo ofreciéndonos gran variedad y calidad de libros”, agregó.

El legado
Para el presidente de la Cámara del Libro, “el espíritu lector que existe en muchos costarricenses pasó por la librería Lehmann”.
Él resaltó el trabajo de las librerías que existen en la actualidad, como Andante, la Internacional o la Universidad de Costa Rica, pero pidió recordar a la Lehmann como “un gestor de cultura leída y de cultura editada, porque siempre tuvo muy buen apoyo a las editoriales costarricenses”.
En cuanto a sus legados, el presidente de la Cámara enumeró dos aspectos: una oferta de libros extraordinaria, con variedad de títulos nacionales e internacionales de gran calidad; y por un apoyo incondicional a las editoriales costarricenses.
“Por lo general, nuestro público lamentablemente sigue prefiriendo y prefirió por mucho tiempo las ediciones extranjeras y menospreciaba un poco la edición local, pero el esfuerzo de los Antonios Lehmann con las editoriales nacionales, además del esfuerzo que hacen hoy las librerías que están vivas, ha implicado un crecimiento muy bonito, muy importante de la lectura en el público costarricense de los libros escritos y editados en el país”, agregó.
Desde la Cámara, también recuerdan la participación de la librería en las ferias nacionales desde 1998, en las que se llevaron libros a zonas periféricas del país.
“En los primeros años de la Cámara del Libro, que fueron a partir de 1970, don Antonio Leman y la librería apoyaron las luchas que dio la Cámara y apoyaron ese esfuerzo por llevar, mediante ferias pequeñas, a distintas poblaciones del país”, resaltó.
Para Castillo, “la falta de la librería provoca un hueco en la oferta editorial y una nostalgia en quienes ya comprábamos libros de chiquillos ahí”.





