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Alex López: El retrato del 'ingeniero' que se asentó lejos de Tegucigalpa

 
Hijo de dos maestros, López se brincó el preescolar porque ya sabía leer y escribir a los cinco años. Se graduó de bachillerato a los 15 y, por poco, opta por estudiar medicina. Familiar, fiebre de Netflix y con una hija tica, el 'ingeniero' casi parte a Argentina o Rusia, aunque al final se inclinó por la Liga.
 
El sueño de su padre, profesor e ingeniero agrónomo, es que fuera doctor. 
 
Apenas tenía 15 años y Alex López ya se había graduado de quinto año. Cuando era niño, saltó de kínder a primer grado, sin cursar el preescolar.
 
Como su madre también es educadora, le enseñó a leer y a escribir a los 5 años; esto le permitió adelantar un año sus estudios y, al fin de cuentas, graduarse prematuramente de bachillerato.

El catracho confiesa que era muy bueno para las matemáticas. A su padre le gustaba la idea de que estudiara medicina, pero a él le entusiasmaba ser ingeniero, como sus dos hermanos menores.
 
En la casa de los López, estudiar era un requisito. El hoy volante manudo recuerda cuando su padre lo sentó en la mesa de la casa y le preguntó: 'Hijo, ¿vas a jugar fútbol o a estudiar?'
 
La respuesta del joven fue sencilla, pero realista.
 
"Le dije a mi padre que iba a jugar tres años, y sino me iba bien, volvía a estudiar", cuenta López, ya en aquel momento un futbolista prometedor en el Olimpia, que estaba a punto de disputar un Mundial Sub-17.
 
Todo salió mejor de lo esperado y al mismo ritmo trepidante en que se ha movido su vida desde que era un niño. Apenas tenía ocho años y jugaba con su hermano de seis en la plaza de la colonia Centroamérica Oeste en Tegucigalpa, cuando un entrenador se detuvo a mirar y lo invitó a su escuela de fútbol.
 
 
Una casualidad, confiesa. Pero le marcó la vida.
 
Ahí empezó todo, como delantero en la escuela de fútbol Integración. Poco a poco, se dio cuenta de que prefería bajar unos metros y buscar la pelota, que quedarse arriba y esperarla.
 
Se convirtió en volante, luego partió a Olimpia, en donde escaló cada categoría hasta los 15, cuando su técnico recomendó a un grupo de jóvenes de entre los 18 y 20 años a probarse con el equipo de segunda división de los blancos.
 
Como López era algo menor no fue invitado, pero el futbolista convenció a un compañero de similar edad de acercarse a la prueba.
 
Esa tarde lo vieron, lo invitaron a entrenar cuatro días más y luego le hicieron su primer contrato semiprofesional. Jugó en Segunda hasta los 17 años, hasta que el técnico Carlos Restrepo (un viejo conocido) lo llevó al primer equipo.
 
En Olimpia se consolidó, a los 20 años partió del país para militar en el Houston Dynamo de la MLS y un año después ya estaba casado.
 
López tiene dos hijas, una costarricense. Dice que desde que era muy joven, se le hizo fácil acoplarse a la cultura de otros países.
 
Hoy, cuando va de visita a Honduras, ya extraña el gallo pinto.
 
 
Costa Rica le llegó por circunstancias. Esperaba que su representante firmara el acuerdo con un equipo del fútbol de Rusia, cuando lo llamaron Róger Rojas y Luis Garrido para hablarle de Alajuelense.
 
Le gustó la idea de venir al país y coordinó una nueva llamada, esta vez con Fernando Ocampo, quien le habló del proyecto manudo.
 
En 10 minutos de video-llamada se pusieron de acuerdo y unos días más tarde hizo las maletas y partió a Costa Rica.
 
Ya de camino al país, su representante le dijo que se había presentado una oferta del equipo de Talleres de Córdoba de Argentina.
 
López lo meditó, pero decidió quedarse con los rojinegros.
 
Hoy, cuando rebobina el casete, percibe que tomó una buena decisión.
 
 
Le gusta la vida en el país, a pesar de las dificultades. Cuando falló el penal en la final contra Herediano, en diciembre de 2019, se le vino el mundo encima.
 
Recién su abuela había fallecido y el penal acabó por frustrar su diciembre.
 
Regresó a Honduras para estar con su familia durante unos días, desintoxicarse y tomar una decisión sobre su futuro.
 
"Siempre está ese momento en el que uno dice, 'me gustaría irme', tomar el camino fácil y no tener que leer comentarios ni escuchar cosas que a uno no le gustaría que se digan, pero también está el momento en que uno es muy creyente, y la verdad que ahí fue que Dios y mi familia me dieron la fuerza y la tranquilidad, porque a mí me afectó mucho", confiesa López.
 
 
Casualmente, hace unos días, conversaba con Mauricio Montero, quien le decía que, quizás, el fútbol tico había sido injusto con él.
 
Alcanzar el título fue un desahogo, pero a la vez un objetivo cumplido.
 
Al final, partieron todos los catrachos (Rojas, Garrido y Figueroa) y López fue el único en levantar la Copa número 30. Aunque se llevaba muy bien con los otros jugadores hondureños, dice que ya hizo sus propias amistades en el país.
 
Desde lejos, su familia mira sus partidos en Tegucigalpa y al volante le entusiasma su futuro, sin la presión del título y en vestuario consolidado.
 
Confiesa que mantiene una relación cercana con los "chamacos" del equipo, con los que habla de música, vacila y disfruta a diario.
 
También hizo química con Bryan Ruiz, con quien se comprende bien dentro de la cancha.
 
Hoy, mientras su esposa y sus hijas disfrutan del país, López se pregunta que habría pasado si estudia medicina o ingeniera civil, como sus hermanos.
 
No le da mucha vuelta, el fútbol es su vida.
 
Fiebre de Netflix, principalmente de las películas; de la música, del cine, de viajar y de la vida en familia, a López le fascina el fútbol.
 
Más que cualquier otra cosa.
 
Sky Costa Rica