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Byron Bonilla: “Estuve ilegal hasta mis 18 años”.

La cruda historia del jugador  revelada en el programa Vis10n de Columbia: “A los 20 años dejé el fútbol porque ocupaba trabajar”.

 “Yo no jugaba fútbol, a los 9 años mi mamá me trajo para Costa Rica ilegal, estuve ilegal hasta mis 17 o 18 años, salí 2 veces del país y no pude volver por problemas del pasaporte de mi mamá, entonces el mío me lo quitaron”.

Así inició en el programa Vis10n Byron Bonilla a contar su historia de vida. Una historia cargada de rechazos y hasta de buylling por su lugar de origen, según contó el jugador.

Bonilla, hoy de 26 años, está en trámites para naturalizarse costarricense. Sin embargo, en Nicaragua fue donde empezó a jugar fútbol, luego de no poder ingresar a Costa Rica en plena adolescencia con su madre.

“Yo empecé a jugar fútbol en Nicaragua, unos amigos me enseñaron Fútbol Sala. Luego volví a Costa Rica con 18 años, me metí a jugar Linafa, en el primer equipo con el que jugué, en San Pablo, no tenía papeles. Entonces no pude jugar el torneo porque el mismo día del partido no me dejó jugar el árbitro.  El equipo contra el que jugaba en contra ese día fue el que me ayudó, me dio los papeles con abogados y mi primer campeonato fue con ellos”, recordó el jugador en Radio Columbia.

Las cosas cambiaron para el hoy jugador del Cartaginés y ex jugador de Grecia y Saprissa. Bonilla a los 20 años asegura que requería de trabajar; lo hizo en construcción y encontró un seguro para su mamá y su hija, a lo cual no estaba dispuesto a renunciar por jugar futbol.

“A los 20 años yo dejé el fútbol y ocupaba trabajar porque se me complicó. Me metí a una empresa a trabajar y Junior Barquero más don Jesús Quesada, el que era dueño de Sporting,  me llamaron y me dijeron que había un equipo de Linafa que quería que fuera a jugar con ellos y yo le dije que yo no jugaba, que yo trabajaba en la empresa. Entonces él me dijo que me ayudaban con 25 mil semanales,  que tenía que entrenar por la casa, no pagaba bus, que me ayudaban con tacos y entonces lo pensé. Al final como no tenía para los pases y salía del trabajo a la casa, yo me iba corriendo de la Aurora de Heredia hasta San Pablo cada vez que había entrenamientos. ¡Llegaba 10 minutos tarde, pero llegaba caliente!”, dijo entre risas.

“Él me decía que si metía un gol más me daba 10 mil colones y al tiempo él compró Sporting (Jesús Quesada). Yo no iba a soltar el trabajo porque estaba asegurado, tenía asegurada a mi mamá, a mi hija y estaba a la defensiva. Él pasó diciéndome que renunciara, yo le decía que no, que yo no podía dejar a mi mamá en el aire y pasó un mes diciéndome que me querían en el equipo. Lo pensé una semana más, creía que era la oportunidad que esperábamos y al final no nos dimos cuenta y era él, me reuní en el parque de Heredia a las 11 de la mañana y a partir de ese momento me dijo: ¡usted trabaja para mí! Todas las decisiones hoy que tomo en el fútbol pasan por él”, rememoró el volante, quien asegura que su ficha pertenece a Quesada, no al Sporting.