Con la ayuda de dos historiadores, repasamos el contexto en el cual se desarrollaba nuestro país cuando se decidió abolir el cuerpo militar nacional.
El 1º de diciembre de 1948 Costa Rica silenció los fusiles y las botas de sus soldados dejaron de pisar nuestra tierra. El 1º de diciembre de 1948 Costa Rica decidió abolir el ejército y enarbolar una de sus mayores consignas ante el mundo.
La ruta que llevó a esta decisión implicó, paradójicamente, pasar por una guerra civil primero. El historiador Rodolfo González explicó que nuestro país vivía días convulsos previo a la abolición del ejército.
«El contexto en el que se encontraba Costa Rica cuando se tomó la decisión de abolir el ejército era el final de la guerra civil del 48, que abarcó unas cuantas semanas a principios de ese año y que representó la parte final de la institución del ejército que ya venía muy debilitado desde que habían sucedido dos acontecimientos 20 o 25 años atrás. Uno era la dictadura de los Tinoco, que fue la última gran dictadura militar que hubo en el país, y después la pérdida de la guerra contra Panamá», explicó.
El profesor en la Cátedra de Historia de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), Dr. Arnaldo Rodríguez Espinoza, describió cómo el ejército en Costa Rica empezó a debilitarse, poco a poco, en nuestro país.
«Históricamente, el ejército tuvo un papel muy importante, prácticamente estaba conformado por 500 militares, una milicia que rondaba las 10.000 personas y en un eventual enfrentamiento bélico podría llegar a superar los 20.000. El ejército venía como una institución fuerte, sólida; sin embargo, ya entrando el siglo 20 el ejército empieza a debilitarse; incluso ya para 1920 en adelante, el rubro de Educación estaba superando el militar y a partir de 1946 en adelante, lo duplica», detalló.
Para González existen tres razones por las que la Junta Fundadora de la Segunda República decidió terminar con el ejército nacional.
«La primera fue un poco para desligarse del Pacto de la Legión Caribe, que comprometía a Costa Rica a, una vez derribado el gobierno de Teodoro Picado, seguir trabajando en proyectos de derrocar en dictadores en Guatemala, en República Dominicana y demás, a cambio de las armas que se le habían facilitado a los rebeldes. En segundo lugar, era una manera de quitar aquellos que habían sido opuestos al gobierno y que habían participado desde esa institución castrense en la guerra contra los rebeldes. Y en tercer lugar, yo sí le reconocería a José Figueres Ferrer una visión de largo plazo, él construyó su llegada al poder bélico desde tiempo atrás y con una visión que iba más allá del momento de la toma del poder y era la construcción de un estado social verdadero y para eso era mejor eliminarlo», enumeró.
Rodríguez agregó que alrededor de la abolición del ejército hay algunos mitos y simbolismos que también es importante recordar en fechas como esta.
«La inversión era muy poca, comparada con el sistema educativo, donde prácticamente a partir de 1920 ya el rubro de Educación sobrepasaba el de inversión militar y para la década de los 40 prácticamente lo estaba duplicando. Es decir, lo que se ha dicho tradicionalmente de que ahora después de 1948 ya el ejército de Costa Rica iba a ser un ejército de educadores en realidad no es así. Es un acto simbólico que, como dice la historiadora Mercedes Muñoz, se le atribuye más a cálculos políticos de Figueres en el sentido que necesitaba afianzarse en el poder y también habla de que era importante evitar medidas en su contra por parte del Sistema Interamericano», dijo.
Eso sí, el historiador Rodolfo González describió que los activos del ejército pasaron al Ministerio de Educación.
«Por ejemplo, uno de los signos del paso de la inversión y de los activos castrenses hacia el Ministerio de Educación es precisamente la entrega del Cuartel Bellavista el 1 de diciembre de 1948 de José Figueres Ferrer al secretario de Educación en esa época. Esto lo que nos viene a decir es que hay un destino distinto para los cuarteles», apuntó.
Por eso, para el profesor Rodríguez, la mayor importancia de la abolición del ejército radica en lo que representó para el futuro de Costa Rica.
«Uno de las baluartes de la abolición del ejército es la eliminación de las castas militares propiamente, es decir, de esta influencia que podrían tener los militares en la parte política y de ahí, evidentemente, se iba a propiciar todo lo que es la construcción de esa sociedad civilista y democrática tan representativa en Latinoamérica y en el resto del mundo, basados evidentemente en un estado social de derecho», defendió.
El 1º de diciembre de 1948 Costa Rica enterró a su ejército e hizo latentes las palabras que años después pronunciaría el político y filántropo japonés Ryochi Sasakawa: «Dichosa la madre costarricense que sabe, al dar a luz, que su hijo nunca será soldado».





