- El país retomará uno de sus proyectos urbanos más grandes en dos puntos de la GAM, pero experto señala que, aunque no todo el territorio podrá soterrarse, existen formas para limpiar la contaminación visual.
La Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) retomará el camino del soterramiento del cableado con dos proyectos estratégicos en el área de La Sabana y en el sector de Cariari, en Belén, que funcionarán como una extensión lógica de las redes subterráneas existentes desde inicios de los años 2000, cuando se ejecutó el proyecto en el centro de San José.
Aunque el costo definitivo aún está en análisis, la institución estima una inversión cercana a los 100 millones de dólares, que se dividirán entre el diseño y la construcción, ambos encargados a empresas privadas bajo supervisión directa de la CNFL. La planificación ocurrirá entre 2025 y 2026, mientras que la construcción se desarrollará del 2027 al 2030.
El soterramiento vuelve a discusión pública porque la infraestructura aérea actual está saturada. De hecho, Federico Villalobos, especialista en infraestructura, afirma que “la gran mayoría del cableado que vemos en las vías no es eléctrico, sino de telecomunicaciones, y hemos visto varios problemas de postes sobrecargados”. Según él, esta acumulación se ha vuelto un riesgo:
“Cuando sucede un incidente, los postes tienen un efecto dominó. Empiezan a caer uno con otro porque las redes ya son tan masivas que los postes no están diseñados para esa capacidad”.
Villalobos también señala que hasta el 50% del cableado en algunas ciudades latinoamericanas está en desuso, calificándolo como “básicamente basura colgando”, y advierte que Costa Rica puede avanzar incluso en lugares donde no sea posible soterrar:
“La decisión no es entre cableado subterráneo o el desorden actual. Se puede elegir entre soterrar y, donde no sea viable, ordenar el cableado aéreo”.
Sin embargo, el país ya implementó soterramiento en Barrio México, Barrio Luján, Amón, Otoya y el centro de San José, donde el proyecto costó 54 millones de dólares y fue ejecutado por la empresa española Inabensa.
El exalcalde de San José, Johnny Araya, quien impulsó ese proyecto, defendió sus resultados:
“Lo más importante fue cómo se redujo la contaminación visual de la ciudad. Se agregaron ductos para Internet y cableras, y se mejoró la seguridad”.
Mientras tanto, la CNFL recuerda que reemplazar un poste cuesta cerca de ₡3 millones y que cada avería puede dejar sin servicio a los usuarios hasta por ocho horas.
Alternativas para ordenar el cableado
Aunque el soterramiento es la meta, Villalobos aclara que no todo el país podrá adoptarlo, ya sea por la densidad urbana, la complejidad del subsuelo, restricciones técnicas, o costos elevados.
En esos lugares, la alternativa será un modelo de cableado aéreo ordenado, que incluye cinco medidas clave:
- Eliminación total de postes duplicados o paralelos
Hay zonas donde existe un poste nuevo y, a su lado, uno viejo, torcido o abandonado.
La alternativa obliga a que todas las empresas migren al poste nuevo y retiren el viejo.
- Limpieza masiva de cables en desuso
Las ciudades donde se ha revisado han encontrado entre 30% y 50% de cable muerto.
Costa Rica implementaría auditorías conjuntas entre CNFL, telecomunicaciones y SUTEL.
- Unificar la infraestructura aérea en una sola postería
Cada empresa no podrá colocar su propia red por separado.
Todas deberán usar la misma torre, mediante un esquema regulado.
- Introducción de “redes neutras”
Un único proveedor administra la red aérea, garantiza orden, define estándares y alquila espacio a las telecomunicaciones mediante un canon.
Esto reduce rollos, elimina cruces y evita saturación.
- Supervisión activa de SUTEL
SUTEL tendría un rol de control para impedir duplicación, abandono, enredo o sobrecarga.





