- El paso de asesores a curules —y de legisladores a oficinas técnicas— reabre el debate entre experiencia acumulada y falta de renovación política.
El cierre del actual periodo legislativo vuelve a poner en evidencia una dinámica recurrente en la política costarricense: el paso de asesores a diputados y de diputados a asesores dentro de la Asamblea Legislativa de Costa Rica.
De cara a la próxima legislatura, al menos nueve congresistas electos fueron previamente asesores legislativos, lo que, según analistas, reduce la curva de aprendizaje, pero también abre cuestionamientos sobre la renovación política.
El analista Daniel Calvo destaca que estos perfiles llegan con ventaja. “Es gente que ya sabe cómo funciona la Asamblea… va a ser difícil bailárselos”, afirmó, al señalar que su experiencia podría reflejarse en comisiones y control político.
Entre los nombres mencionados figuran Nogui Acosta, Vianey Mora, Antonio Trejos, Gerardo Bogantes, Salvador Padilla, Joselyn Sánchez, Martugenia Román, Cindy Murillo y Osvaldo Artavia.
Experiencia vs. representación
El fenómeno, conocido como “puerta giratoria”, no es nuevo, pero cobra relevancia en un contexto donde también algunos diputados salientes regresarán a roles de asesoría.
Casos como el de Kattia Rivera, quien pasará de diputada a asesora legislativa, o la posible incorporación de Óscar Izquierdo como jefe de asesores, reflejan esa movilidad interna.
Para el analista Mario Quirós, esta dinámica tiene ventajas claras, pero también riesgos.
“El conocimiento técnico no es lo mismo que la representación política”, advirtió. Según explicó, un exasesor puede dominar el reglamento legislativo, pero no necesariamente interpretar las demandas sociales o construir acuerdos políticos.
Riesgo de cierre político
Quirós también alerta sobre un posible efecto de “endogamia” política. Es decir, que los espacios se mantengan dentro de círculos ya establecidos, limitando la entrada de nuevos perfiles.
Además, subraya una diferencia clave entre ambos roles: mientras el asesor opera en segundo plano, el diputado debe tomar decisiones públicas y asumir costos políticos.
¿Profesionalización o círculo cerrado?
Desde otra perspectiva, la existencia de una “carrera parlamentaria” puede verse como un proceso de profesionalización. Calvo pone como ejemplo a figuras como Jonathan Acuña, quien acumuló años como asesor antes de llegar al Congreso.
Sin embargo, el propio analista advierte que esta lógica es mejor valorada cuando es ascendente —de asesor a diputado— y no necesariamente cuando se convierte en una red de continuidad laboral dentro del Congreso.
Un patrón que se repite
El fenómeno también incluye casos de diputados con plaza en propiedad dentro del Congreso, como Alejandro Pacheco, quien regresará a funciones administrativas tras dejar su curul.
En paralelo, se cuestiona con mayor fuerza cuando los puestos de asesoría responden a cargos de confianza, lo que alimenta la percepción de que funcionan como “salvavidas laborales”.
Con el cambio de legislatura a la vuelta de la esquina, la “puerta giratoria” vuelve a instalar el debate: si se trata de experiencia acumulada que fortalece el trabajo legislativo o de un sistema cerrado que limita la renovación política.





